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PANTALLA DE PLASMA

Cómo elegir una pantalla de plasma
 

  ¿Quiere saberlo todo sobre las pantallas de plasma?

Este dossier le desvelará todos los secretos.

   
   Para conocerlo bien.

  UNA GRAN PANTALLA DE DIMENSIONES MÍNIMAS


Menos de 10 cm. de fondo en una pantalla 16/9 de 51 pulgadas: tal es el desafío del televisor de plasma. Al cambiar el tradicional tubo catódico por un gas activado electrónicamente, los ingenieros han conseguido algo más difícil todavía. A partir de ahora, el espantoso televisor del siglo pasado adquirirá la categoría de obra de arte en toda regla. El televisor de plasma no sólo se coloca en la pared, sino que su marco se puede cambiar para adaptarlo al estilo del mobiliario: aluminio pulido, madera de olmo veteado... y en un futuro próximo, se podrá habilitar un protector de pantalla para cuando el televisor esté en modo standby: por ejemplo la foto de un cuadro que, como si fuera un telón, irá desapaeciendo poco a poco para dar paso a su programa favorito.

 
  IMAGEN CON BRILLO Y CONTRASTE


Aunque se trate indudablemente de un objeto de diseño innovador, no hay que olvidar el aspecto técnico. En lugar de emitir electrones a través del tubo catódico, se utiliza una rejilla rellena de gas. En cada intersección de la rejilla hay partículas de fósforo de tres tipos que generan luz roja, verde y azul, respectivamente. Dosificando el nivel de brillo de cada tipo de partícula de fósforo, se obtiene la gama completa de colores, del negro más denso al blanco más luminoso.

Los técnicos han seguido perfeccionando esta tecnología que vio la luz hace ya varios años. El éxito más visible ha sido el significativo aumento de la gradación colorimétrica. De una proporción de contraste de 200:1 hace menos de 3 años, se ha pasado a un 800:1 en la actualidad, por lo que las pantallas de plasma alcanzan una gama de colores mucho más amplia, al tiempo que ofrecen un contraste superior. Como resultado, ya no es necesario quedarse a oscuras para apreciar la belleza de la imagen: incluso en una habitación donde reine la claridad, la imagen retransmitida resultará enormemente nítida.

Otra ventaja de esta tecnología es el amplísimo campo visual, que se acerca a los 160° en comparación con los 120° de visibilidad de los retroproyectores o los vídeoproyectores, y sobre todo en comparación con los apenas 40° de las pantallas LCD y TFT. Esta característica permite disfrutar de una imagen excepcional a un mayor número de espectadores al mismo tiempo.

 
  LA TELE DE LOS GRANDES ESPACIOS


De momento, únicamente se diseñan pantallas de plasma de grandes dimensiones, pero nada impide pensar que dentro de algún tiempo podamos encontrarlas en todos los tamaños. Sin embargo, no olvides que para apreciar todo el esplendor de una imagen de plasma hay que observarla desde cierta distancia: entre 1,5 y 2 m. como mínimo. A menor distancia, los fósforos se hacen demasiado visibles y da la impresión de que la imagen de vídeo se compone de una serie de puntos de color. Hasta que no se consiga crear fósforos más pequeños, es mejor mantener la distancia aconsejada. Pero no olvidemos que la distancia recomendada para ver los televisores tradicionales es de aproximadamente 2,7 veces la diagonal de la imagen, lo que significaría, en el caso de la pantalla de plasma, un mínimo de 3 m. de distancia.

La otra restricción, al menos por ahora, consiste en la gestión de una fuente informática. Si bien la resolución teórica de una pantalla de plasma supera al VGA (640x480) y puede llegar al XGA (1024x768), estas resoluciones tan altas no se tratan en nativo, sino en extrapolado. Como resultado, aunque las imágenes se retransmiten a la perfección, es ilógico pensar que se pueda navegar por el plasma a una resolución superior a la básica (las letras sometidas a la interpolación informática se vuelven completamente ilegibles).