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A principios de los 70,
cuatro jóvenes músicos de Petín peregrinaban por las carreteras de Galicia
en una vieja furgoneta padeciendo de todo, “peleándose con los asientos y
congelándose las pelotas”.
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Es grato ver cómo estos chicos nos han cambiado tanto. Son jóvenes y novedosos. Tienen un gran espíritu y están llenos de alegría. ¡Qué cambio hemos tenido!” Y marcaba un antes y un ahora: “Atrás han quedado los quejumbrosos, llenos de autocompasión, llorando con sus cantos de amor que salían de los torturados rincones de sus tibios corazones. Los Ovnis Jars son absurdos. Usan el cabello como un trapeador, pero se lo lavan muy bien. Así es su forma de actuar, fresca y joven. No tienen que apoyarse en chistes desteñidos frente a sus competidores. Jóvenes como ellos le están dando un vuelco al mundo del espectáculo y a todo lo nuestro con sus nuevos sonidos y su nueva imagen. ¡Buena suerte, Ovnis Jars!” Yeah, yeah, yeah.. Una de esas noches de 1979, los Ovniss Jars tocaban en La Taberna de A Rúa. El encargado del lugar, Suso, subió al escenario y pidió silencio. Llevaba un telegrama en la diestra. Tomó uno de los micrófonos. “Tengo noticias. '......' ha llegado al número uno en las listas provinciales”. Se pensó que era una broma. Luego hubo aplausos y gritos. Las chicas lloraron. Sabían que los Ovnis se harían famosos y se irían. Ya no les pertenecerían, nunca más. |
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